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Hace unos años acudí a la clínica después de visitar a más de siete dentistas. Tras un estudio completo y haciendo el tratamiento lo más llevadero posible, hoy tengo la boca que siempre soñé, incluso con Invisalign, algo en lo que nadie apostaba.
Lo que más valoro es el trato humano. Si alguien hace que ese ratito en el sillón sea fantástico o al menos agradable, esa persona es Idaira. Es el alma de la clínica, hace que cualquier miedo desaparezca y siempre pone todo fácil. Gracias por tu paciencia y dedicación, ¡eres increíble!
También quiero mencionar a Sandra, que aunque ya no forma parte del equipo (jubilación más que merecida), su sonrisa hacía que entrar en la clínica fuera un soplo de aire fresco.
Me tomo la molestia de escribir esto para todas las personas que dudan en acudir al dentista: de verdad, no hay peor paciente que yo, y ahora me encanta ir al dentista… bueno, ¡a Ojeda Perestelo!
Gracias de corazón a todo el equipo.